lunes, 31 de enero de 2022

Crímenes, Música y… Manson, la historia que ‘no es lo que parece’.

 Ha pasado más de un mes desde la última entrada del blog, podría escribir fácilmente sobre alguna anécdota de estos días, algo que leí o escuché, o un blog emotivo sobre el comienzo y los deseos para un año nuevo (qué oportuno ¿no? un mes después), porque de hecho, sí era algo que tenía pensado: publicar algo sobre “los nuevos ciclos”, como dice la gente, en realidad hasta se lo había encomendado a una persona en particular, pero el covid y ciertas cosas del destino lo impidieron, pero eso es otra historia (y no, no tenía preparado que el slogan quedara como anillo al dedo tan pronto).

Estaba yo un día pensando qué contar y escribir para no interrumpir la regla no escrita de subir –al menos– una entrada al mes; “aprovechando” el aniversario de fallecimiento de Heath Ledger pensé escribir algo al respecto, luego esa idea evolucionó a un borrador fallido sobre las películas de Batman, y luego a cualquier cosa relacionada al cine en general. Sin embargo, aunque evidentemente ninguna de las ideas llegó realmente a buen puerto, sí es verdad que encontré una forma de que no fueran totalmente deshechas.

Es bien sabido por la mayoría “de mis lectores” (como decían lo bloggers antes de que YouTube fuese la sensación) sobre mi afición por los cómics y las películas. Bueno, Paul Dano habló recientemente en una entrevista para Empire Magazine sobre su participación como Edward Niggma en “The Batman”. Paul comentó que cuando se enteró que Matt Reeves lo quería para el papel prefirió mantenerse cauteloso hasta leer el guion, pero que una vez que pudo leerlo, le bastaron unas páginas para saber que estaba en buenas manos. También dijo que investigó a fondo sobre El Asesino del Zodiaco, la principal inspiración de Reeves para concebir la intrigante y aterradora reinterpretación del Acertijo, algo que me entusiasmó más respecto a la película, porque, a pesar de que hasta antes de la entrevista no era algo oficial, yo ya lo veía venir.

A propósito de villanos, asesinos, cine y superhéroes ¿recuerdan aquella película “Now you see me” (o como la conocí yo al inicio, Los Ilusionistas)? Una película de 2013 protagonizada nada más y nada menos que por Morgan Freeman, Mark Ruffalo (Hulk en el MCU) y Jesse Eisenberg (Lex Luthor en el DCEU). Bueno, más allá de que el subtítulo “Nada es lo que parece” queda bien para la historia, ahora sí, al grano.

José Menéndez, creador de la famosísima productora RCA Records (de la que, por cierto hago una insignificante mención en el blog anterior, “link en la parte de abajo” como dicen los Youtubers) se mudaba con su familia (Kitty, Erik y Lyle) a Beverly Hills, en Los Angeles, a una increíble mansión –en la que, como dato curioso, también vivió Elton Jon–.

Lyle y Erik tenían 21 y 18 años respectivamente. Lyle iba a la Universidad de Princeton y Erik terminaba sus estudios de secundaria en Beverly Hills High. El domingo 20 de agosto de 1989 José y Kitty decidieron pasar el resto del día viendo películas en la sala de su casa mientras que Lyle y Erik habían ido al cine a ver la nueva película de Tim Burton, protagonizada por Michael Keaton, “Batman”. Cuando volvieron a casa, se encontraron con una escena horrorosa. Sus padres habían sido asesinados. Recibieron 14 disparos de escopeta, su padre 5 y su madre 9. Estaban, literalmente, destrozados y, según relatos de algunos testigos, prácticamente irreconocibles como seres humanos. La autopsia solo terminaría ratificando el nivel de brutalidad del crimen.

Tan solo un día antes del funeral, “comienza” (énfasis en las comillas) a pasar lo raro. El 24 de agosto, Lyle gastó 15 000 dólares en tres relojes Rolex. Minutos después, cuando estaba en la limosina familiar, antes de lanzar una risa digna de un psicópata le dijo Marcy (secretaria de su padre) mostrándole sus mocasines «Marcy, mira, ¿quién dijo que no podría llenar los zapatos de mi padre?».

Lyle y Erik obtuvieron más y más dinero por los pagos de seguro de sus padres, y parecía que la incalculable fortuna solo servía para ocultar la tristeza y el shock. El exceso de libertad, los lujos y la plata de Los Hermanos Menéndez parecían contraponerse a las sesiones de terapia para sobrellevar el tan atroz asesinato de sus padres, del que, eso sí, a veces también se olvidaban todos. Todos excepto Jerome Oziel, a quien, Erik, en una de las sesiones de terapia, quizá traicionado por los nervios y el estrés, le confesó que, junto a su hermano, habían asesinado a sus padres.

Una versión dice que la amante de Jerome escuchó la grabación de la sesión donde Erik confesaba, y fue directo a la policía; la otra versión dice que cuando Lyle supo que Erik le había contado del crimen a su terapeuta, lo amenazó y luego decidió contarlo él.

4 meses después de la confesión, el 8 de marzo de 1990, Lyle fue arrestado en Beverly Hills. Erik fue arrestado tres días después.

En Estados Unidos todos los canales y periódicos hablaban del tema, y a pesar de que un juez había declarado como evidencia las grabaciones de las sesiones de terapia, el caso terminó extendiéndose; ambos fueron procesados por separado con cargo de asesinato, pero no fue hasta marzo de 1996 que finalmente se les declaró culpables, y con eso se pudo determinar claramente la secuencia de los hechos:

El 18 de agosto de 1989, en san Diego, a más de 100 kilómetros de su mansión, los hermanos compraron dos escopetas calibre 12 en una tienda.

El 20 de agosto, día del crimen, entraron a la sala de su casa y dispararon las 14 balas a sus padres. Después, desarmaron las escopetas, se bañaron, se pusieron ropa limpia, fueron al cine a ver Batman, volvieron a su casa y se sorprendieron con la brutal escena.

La conclusión del caso fue simple: asesinato por abuso. Quizá fue un crimen tan brutal que la respuesta parece absurda, quizá es porque a simple vista, ni Erik ni Lyle son lo que parecen, o porque cuando se trata de psicópatas asesinos, no hay mucho en donde buscar respuestas lógicas. Para ejemplos, el caso de otro psicópata, Charles Manson. Incluso estuvo involucrado con uno de los productores de los Rolling Stones. El día que iba a quedar libre volvió a cometer un crimen para quedarse en la cárcel. A los 32 años ya había pasado casi la mitad de su vida de prisión en prisión. Esquizofrénico. Manipulador por excelencia. Orquestador de uno de los crímenes más sangrientos en toda la historia de Hollywood. Soñaba con ser un auténtico rockstar, de hecho, Charles decía que los Beatles se habían inspirado en su filosofía para escribir muchas de sus canciones, sobre todo las del Álbum Blanco, adoptó el nombre Helter Skelter (título de una canción) para bautizar una guerra mundial racial. Durante este enfrentamiento, según Charlie, él y La Familia (como denominó a su secta) se esconderían en un agujero en el desierto junto a los Beatles. Charles creía que los negros carecían de inteligencia pero se excedían en fuerza, por lo tanto, ganarían la guerra racial, y justo en ese momento la Familia Manson saldría y, por la incapacidad para gobernar de los negros, terminarían dominando el mundo bajo la batuta de su líder: Charles Manson.

Si eso te parece una locura, imagínate que Charlie estaba seguro de que los Beatles habían llegado a la misma conclusión que él y que le estaban dando ese mismo mensaje al mundo por medio de su disco, pero (ahora sí) eso es otra historia.







viernes, 24 de diciembre de 2021

Una jirafa, un reno, y las cosas pequeñas.


Hace unos días, mientras estaba con unos amigos, entre anécdota y anécdota salió un tema peculiar: el humor. Alguien comentó sobre los chistes. “Si el chiste es bueno, aunque lo leas, te hará reír.” “El ‘toque’ está en cómo lo cuentan, hay chistes tan malos que hasta dan risa.” decía otro. Eso me hizo recordar algo que escuché ya hace tiempo, una especie de enigma-chiste-adivinanza: “¿Cómo metes una jirafa a un refrigerador? Abres el refrigerador, y metes la jirafa.”

En realidad el acertijo consta de 4 preguntas, todas con respuestas igual de lógicas, extraordinarias y ridículas que la primera (el problema no es la jirafa, el problema es el tamaño del refri, diría Arjona). Sin embargo, a mí nunca se me ha dado eso de contar chistes, siempre he preferido contar historias, de hecho por eso está este blog; historias como las de Robert May, y por si acaso, y ya que está tan de moda el hombre araña, no, Robert no era un tío perdido de Peter; chistes malos aparte, Robert era un tipo normal, o mejor dicho, un tipo con una vida normal, tan normal que hasta tenía crisis. Evelyn, su esposa, tenía cáncer, ambos estaban fuertemente endeudados y además de eso en la tienda en la que trabajaba corría el rumor de que llegaría una ola de despidos. Sí, justo para la época navideña. ¿Qué más normal que eso?

Robert vivía en Chicago, siempre había soñado con escribir grandes historias y novelas, y aunque llegó a trabajar de escritor, yo realmente dudo que fuese lo que él esperaba, pues su trabajo consistía en escribir la descripción de la ropa en el catálogo de la tienda. Todos los años la tienda compraba paquetes enteros de libros para colorear y los regalaba durante la época navideña, y entonces, en 1938 algo cambió. Su jefe le pidió que escribiera un cuento navideño, pues ese año, para elevar las ventas, querían hacer algo distinto. Comenzó a esbozar sus primeras ideas. Navidad… Magia... Fantasía... Animales... Renos…
Escribía una y otra vez la historia de Rodolfo, en rimas, en prosa…pero cuando casi estaba terminado el cuento, Evelyn falleció. Pasó casi un año para que Robert terminase el cuento, pausó la historia casi tantas veces como la reescribió, le echaron de su casa y tuvo que ir a vivir a casa de sus suegros. ¿Ya ven, qué más normal que eso? (como diría el meme: ¿qué a ustedes no les echan de su casa?) Ya, en serio… Sus jefes le ofrecieron muchas veces ‘abandonar la historia’ para que alguien más la pudiese continuar, pero tantas veces como la reescribió y la pausó, también se negó dársela a otra persona, y en agosto de 1939 lo terminó. El mismo Robert contó alguna vez que sentó a sus suegros y a su hija Bárbara en la sala de su casa para leerles el manuscrito y que cuando vio su expresión, al terminar, supo que había logrado lo que tanto había querido.

En diciembre de ese año la tienda regaló 2.4 millones de copias. El cuento fue un éxito entre los clientes de la tienda, y no se imprimieron más porque estaba comenzando la segunda guerra mundial y había restricciones con el uso del papel. En 1946, la disquera RCA Victor le ofreció a Robert hacer lo que hoy sería un audio libro con el cuento. Las cosas ya no parecían tan mal… pero surgió un problema (ya ven, una vida normal…): el cuento, aunque era totalmente de su autoría, lo había escrito por encargo, ergo, él no contaba con los derechos.
El vicepresidente de la compañía, que era muy amigo de Robert, convenció al resto de los directivos para que le cedieran los derechos. Y ahora sí, Robert podría hacer cualquier cosa con Rodolfo, o, casi cualquier cosa, porque ¿recuerdan que les dije que Robert tenía una vida muy normal? Bueno, cuando parecía que, ahora sí, todo iba por buen camino surgió otro problema; el cuento había sido tan exitoso, que nadie quería volver a publicarlo (porque todas las copias las habían regalado). Sin embargo, como toda vida normal, Robert se encontró con alguien ridículamente bueno/generoso, tanto que estuvo listo para ayudarle. Harry Elbaum, que también era editor, dijo que se había identificado tanto con Rodolfo que estaba dispuesto a sacar 100, 000 copias. El cuento volvió a ser un éxito, ahora ya no solo en la tienda sino en cualquier puesto de venta de cuentos, periódicos y revistas.

Y entonces, comenzó la Rodolfomanía. Robert llamó a Johnny Marks, su cuñado, quien era músico, para pedirle una canción para Rodolfo, aunque Johnny dice que la famosa canción  fue idea suya y cuenta un relato totalmente distinto –insisto: una vida completamente normal–, de hecho, eso mismo le terminó distanciando de Robert, pero eso es otra historia...

A propósito de cosas difíciles y de la simpleza necesaria para entender cómo algo grande cabe dentro de algo ‘pequeño’, hoy, me gustaría terminar citando uno de mis fragmentos favoritos de Las Crónicas de Narnia, aprovechando la fecha; claro, no sin antes anhelar que, después de tantos cambios, tantas lágrimas, tantas perdidas, y tantos ‘sube y baja’ de la vida, al final todo vaya mejor, como le pasó a Robert… no, ahora que lo pienso, mejor no. Mejor anhelando que, después de tantos cambios, tantas lágrimas, tantas partidas, tantas mudanzas, y, por qué no, tantas alegrías, siga prevaleciendo la fe, como le pasó a María... como le pasó a san José. Mientras tanto… ¡Feliz navidad!

«–Me parece –dijo Tirian, sonriendo también– que el establo visto desde dentro y el establo visto desde fuera son dos lugares distintos.
–Sí –repuso lord Digory–, su interior es mayor que su exterior.
–Sí –indicó la reina Lucy–, también en nuestro mundo, en una ocasión un establo contuvo dentro algo que era mucho más grande que el mundo entero.»

- Las Crónicas de Narnia, La última batalla.


Robert May y su hija Barbara
con la primera edición de "Rodolfo, el Reno de la naríz roja".


lunes, 1 de noviembre de 2021

Vida, fe y las historias de un peluquero.

¿Les ha pasado algunas vez que se encuentran con una película interesante que no habían visto antes y, después de googlear el titulo o buscar información se dan cuenta que es muy famosa? ¿O que escuchan una canción y piensan “ahora que están re versionando mucha música, sería interesante que alguien hiciera una versión nueva de esa canción” y días después algún artista publica algo relacionado a eso?, bueno, algo similar me pasó hace más o menos dos semanas; finalizando una larga jornada de trabajo, mientras veía Misión: Imposible V - Nación Secreta, me enteraba de una noticia: Alec Baldwin (actor de reparto de M:I - V), había detonado un arma por accidente mientras filmaba una escena para su más reciente película, Rust. Eso había ocasionado que el director Joel Sousa saliera herido, y que la directora de cinematografía Halyna Hutchins falleciera de camino al hospital. Distintos medios de comunicación reiteraban el hecho de que Alec había disparado el arma sin querer, sin embargo, Variety y The Hollywood Reporter (noticieros expertos) aseguraron en reportes posteriores que en el set de filmación tenían muchos problemas de seguridad y que semanas antes del incidente ya se habrían disparado “accidentalmente” tres armas de fuego, en consecuencia, la producción decidió abandonar el proyecto, pero el equipo de rodaje de Rust no quiso pausar sus operaciones y horas antes del accidente decidieron contratar a trabajadores no sindicalizados de Nuevo México. No hay muchos detalles verídicos al respecto, solamente que a Baldwin le habían dado un arma fría (que no estaba cargada), y de acuerdo a las declaraciones del director, mientras él, Alec y Halyna charlaban preparando una escena y ensayaban el tiro, el arma se disparó. La policía todavía está investigando el accidente y no se han presentado cargos contra nadie.

Muchas personas volvieron a recordar gracias a eso, la muerte de Brandon Lee quien también falleció tras recibir un disparo mientras grababa la película “El cuervo”. Yo, que últimamente soy más de series que de películas, he recordado el caso de Jon Erik, estrella de los años 80, que entre las grabaciones de la serie Cover Up, mientras tenía unos minutos de descanso, tomó una pistola de utilería, la cargó con una bala de fogueo (es decir, que no tiene proyectil) y se la colocó en la frente justo antes de que el arma se disparara. A pesar de no ser una bala real, debido a la cercanía, Jon sufrió hemorragia cerebral, y luego de 7 días en coma, fue declarado con muerte cerebral.

Dejando a un lado –o no tanto– las historias de la fragilidad de la vida y lo impredecible del destino, esta semana, luego de más de 35 años, debido a trabajos de construcción del nuevo templo, en mi parroquia “cambiamos de iglesia” (como comentaba alguien en facebook), un día antes de mudarnos pasé a despedirme con nostalgia de las paredes que, literalmente, me vieron crecer. ¡Tantos recuerdos! ¡Tantas historias! No solo mías, de muchas, muchas personas. ¡Tantos actos de fe y piedad! Cuántas personas habrán crecido dando sus primeros pasos ahí. Cuántas personas habrán sido bautizadas… cuántas habrán tenido ahí su primera misa… ¡cuántas personas habrán tenido ahí su última misa! «Cuna de mil vocaciones» como decía un himno. Tantos santos anónimos forjados entre cuatro paredes…

Por cierto, a propósito de que la iglesia celebra hoy la solemnidad de todos los santos (y ojo, eso no estaba en el guión, pero es algo que he recordado mientras escribo)… la semana pasada fui con mi ‘peluquero de confianza’ –no sé si alguien necesita hacerle publicidad a los peluqueros, pero sería un buen slogan–, para cómo están los tiempos tendría que explicar a qué fui para evitar malentendidos, pero confío en mis lectores; bulos aparte, mientras estaba con él, intentando matar el silencio surgió una plática:

–Oiga –dijo–, seguramente su papá vendrá uno de estos días también, últimamente viene unos días después de usted. Por cierto, ¿cómo se llamaba aquel su familiar sacerdote que se cortaba el cabello aquí también?

–Ehm… –dudé en responder, no por la respuesta, sino por lo inesperada que era la pregunta. ¿El padre Lee?

–Sí, ¡exacto! el padre Lee –dijo, como si hubiese pasado mucho tiempo pensando en el nombre y al fin hubiera encontrado la respuesta. ¿Cuánto tiempo ya ha pasado de que falleció? ¿8… 10 años?

–6 años ya…

– ¡Tan rápido! Bueno, yo creí que era más, supongo que es porque la última vez que lo vi fue antes de que se fuera a Roma.

– ¿En serio? –respondí con sorpresa, sobre todo porque no creí que le recordara tanto y con tantos detalles. ¡Y lo que faltaba!

–Yo me recuerdo bien de la última vez que llegó conmigo. Estábamos frente a la iglesia… ¿cómo se llama? San… san… no –se interrumpió él mismo–, sagrado, sí, frente a la ‘iglesia Sagrado…’

No sabía qué decir. Escucharlo estaba siendo más entretenido de lo que esperaba, a pesar de que yo también había estado presente esa vez de la que él hablaba con tanto entusiasmo…

–Terminé de cortarle el cabello (al padre) –dijo, continuando su historia– y antes de irse me dijo: “bueno, usted, se me cuida, y primero Dios, nos vemos dentro de tres años. ¿No le he contado, verdad? Me voy a estudiar a Roma. Para allá me mandaron. Páseme su número de teléfono, y cuando regrese le marco para ver en donde está ¡con eso de que últimamente cambia mucho de ubicación!”, ahora ya no tengo el mismo número, pero todavía me recuerdo muy bien de su estilo: poco corte enfrente, para atrás, redondo y sin patillas, Más de una vez me dijo “sólo me quito los lentes cuando duermo, cuando me baño y cuando vengo con usted, por eso la gente me reconoce hasta que salgo.” Mire, yo no soy católico pero estos días que miro a la gente que va al cementerio y celebran a los santos y todo eso, yo digo que ese padre sí fue santo.


¡Había contado con tanto entusiasmo y tanta intensidad su historia con el padre!, y yo, mientras regresaba a casa, volvía a recordar aquella anécdota que cuenta el Profesor, del día que alguien le dijo “... ¿sabe qué? El padre Lee es mi santo favorito.” Pero eso, es otra historia…

martes, 5 de octubre de 2021

Hwang Dong-hyuk, Asis, caballeros medievales, y ‘El beso más largo del cine’.

Hace unos días una amiga me envió un whatsapp con el link del primer capítulo de una serie: ‘El juego del calamar’, una producción que realmente no sale del marco estándar de series coreanas pero que también logra conseguir identidad propia. Resumiendo en pocas palabras y sin dar spoilers, la trama gira alrededor de cientos de jugadores con problemas económicos que reciben una extraña invitación para competir en juegos infantiles y desafíos letales que deben superar para alcanzar un premio tentador.

El juego del calamar comenzó a ser tendencia luego de lograr lo que parece (al menos durante la última década) el objetivo de todo aquello que quiera alcanzar la fama y hacerse viral: ser un meme. Quizá gracias a eso o a lo familiar que pueden parecer ciertas cosas que la gente es capaz de hacer por dinero fue lo que la llevaron a ser la #1 en más de 90 países, y que están a punto de convertirla en el material más visto en la historia de Netflix (¡hasta el Profesor la ha visto!). Sin embargo, el dinero no solo es protagonista en la trama de esta serie sino también en la vida de su creador Hwang Dong-hyuk.
Hwang comenzó a escribir el guión en 2009, aunque debido a la crisis económica que alcanzó durante 10 años en los que muchos estudios, productores, actores e inversionistas  rechazaron el guión por exceso de sadismo, complejidad y violencia (que realmente a mí no me parece tanta en comparación a muchas otras series) tuvo que pausarlo en más de una ocasión, incluso tuvo que vender su laptop en la que había comenzado a escribir el primer pitch.

Bulos aparte, a propósito de riquezas y locuras: ayer, 4 de octubre, como todos los años la iglesia celebró la fiesta de uno de mis santos favoritos, san Francisco de Asis. El santo más parecido a Jesús. ‘Il pazzo d'Assisi’ (el loco de Asis) como le decían ya en su época.

San Francisco nació en Italia, en la edad media, una época que casi a cualquiera le hubiese gustado vivir, rodeado de caballeros cruzados, literatura fantástica y poesía lírica. San Francisco es uno de los santos más conocidos en el mundo, y no solo dentro de la iglesia. Es uno de los santos más ecuménicos y más interreligiosos. Es respetado por cristianos, protestantes y hasta por no creyentes.

Actualmente se ha deteriorado un poco la imagen de ‘Francesco’. Ecologista, revolucionario, comunista, algunos lo han tomado incluso como símbolo del veganismo ¡qué cosa más loca que esa puede haber! Dejando a un lado el menoscabo a lo que significa san Francisco para la iglesia, es un buen momento para mencionar la huella que ha dejado fuera de ella, desde la vez que saliendo para misionar se encontró con una cruzada a la que advirtió no ir a la batalla (y a la que algunos, especialmente en Europa, atribuyen el inicio de la ‘maldición del Viernes 13’), su legado en la literatura siendo inspiración e imagen –también deteriorada eso sí– para la creación de Robin Hood, o de cómo cambió la vida de Dolores Hart, una ex actriz estadounidense cuyo primer papel protagónico fue nada más y nada menos que junto a Elvis Presley en "Loving you" (1957), película que contiene el beso que es considerado por muchos críticos como uno de los más largos de la historia del cine, no por su duración en la pantalla sino por las repeticiones que les pedía el director. Tan solo 4 años después, Dolores hizo el papel de santa Clara de Asis en una película de 1963. De hecho, a causa de eso tuvo un encuentro con el Papa san Juan XXIII en Italia, encuentro en el que, según contaba, se dio el siguiente diálogo:

“– Soy Dolores Hart, la actriz que interpreta a Clara.”
“– No, usted es Santa Clara de Asís.”

En 1964, Dolores cambió el glamour hollywoodense por un hábito, hizo pública su decisión de convertirse en monja y se retiró del mundo del espectáculo, al menos hasta 2012, cuando volvió a pisar una alfombra roja rodeada de estrellas consagradas del mundo del cine (Meryl Streep, Gary Oldman, George Clooney, etc.) luego de su nominación al Oscar por el documental "God is the bigger Elvis" (Dios es más grande que Elvis) que cuenta su transformación y cómo (igual que san Francisco) fue capaz de dejar todo, incluso el olimpo de Hollywood, pero eso es otra historia.


Hábito original de san Francisco de Asis.


Elvis Presley y Dolores Hart en “Loving you".


Dolores Hart Interpretando a santa Clara de Asis.


Rebecca Cammisa (directora), Madre Dolores Hart y Geeta Gandbhir (Editora)
en la gala previa a los Premios Oscar en 2012.


sábado, 11 de septiembre de 2021

De Hachiko, el 11S, el Covid y Juan Pablo II

Griego es un perro macho, mezcla de husky, de unos 3-4 años aproximadamente, juguetón, noble, a quien conocí por el tweet de una asociación animalista, quienes buscaban a alguien que pudiese adoptarlo, luego de que la doctora que le estaba brindado hogar temporal finalmente había anunciado que ya no podría hacerse cargo de él. Griego, llegó al Parque de la Industria, al hospital temporal de pacientes de Covid, algunos dicen que simplemente fue en busca de algo de comida, otros dicen que le vieron entrar con alguien, de cualquier forma, entre los pacientes se ha buscado a su dueño, quien hasta ahora no ha aparecido. El caso ha tomado algo de fama en twitter, especialmente por quienes comparan a Griego con Hachiko, aquel perro japonés del que existen ya hasta unos cómics y una película (que incluso a algunos de los que no son tan afines a expresarse emocionalmente les ha sacado una lágrima… si no me creen, pregúntenle al Profesor), y por las fotos en las que ciertamente se le puede notar una particular tristeza; no sé si es la pandemia lo que ha aumentado (o al menos hecho más evidente) la sensibilidad de la gente en redes sociales, pero es verdad que ahora, con la facilidad en la que esas fotografías de postal están ‘a un toque’ de distancia, algunas historias son (para bien o para mal) más sencillas de divulgar. Aunque, ahora que lo pienso, “en los tiempos de Hachi” – ¡vaya medida de tiempo me he sacado de la manga!– algunas cosas no eran tan distintas… quizá a eso le deba algo de su gran fama. ¡Si hasta una estatua y una estación de tren con su nombre existen! De hecho, creo que solo la primera guerra mundial pudo contra la historia emotiva detrás de la intocable estatua de Hachi en Shibuya, pero eso es otra historia…

Hablando de fotografías virales, ¿a alguien se le hace conocido el nombre “Richard Drew”? ahora seguramente no, pero precisamente en una fecha como hoy hace 20 años, durante el famoso 11-S, el nombre de Richard –también– comenzaba a aparecer en varios noticieros, periódicos y hasta controversias alrededor del mundo. Richard es un fotoperiodista cuyo trabajo más famoso es, seguramente, una fotografía titulada ‘The Falling Man’. En la imagen no aparecen ni aviones, ni humo, ni fuego, ni escombros. Solo un hombre cayendo. Una de las 2.973 personas que perdieron la vida ese día fatídico en los ataques terroristas. 'The Falling Man' es una víctima que, probablemente ante la pérdida de toda esperanza, tomó la decisión de saltar al vacío por las ventanas del World Trade Cente. A día de hoy continúa sin saberse la identidad de «El hombre que cae», aunque se cree que fue un trabajador del restaurante 'Windows on the World', situado en la torre norte. "Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un instante. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición", decía Drew para BBC Brasil en 2016.

Hay fechas que nos recuerdan la fragilidad de las construcciones humanas y la importancia de crecer, no en altura y poder, sino en humanidad y en fraternidad, el ’11-S’, a mi parecer, es una de ellas. ¡Existe tanta conspiración en torno a ese día! Un antes y un después. El 11-S es tan histórico, y entre todo lo que se ha dicho y escrito, hay una frase de san Juan Pablo II durante la Audiencia General un día después del atentado, que –para mí– queda como anillo al dedo para estos ‘tiempos de pandemia’. Decía entonces el papa: “Que Dios infunda valor a los supervivientes, secunde con su ayuda la obra benemérita de los socorristas y de los numerosos voluntarios, que en estas horas se dedican con todas sus energías a afrontar tan dramática emergencia. Os invito también a vosotros, queridos hermanos y hermanas, a uniros a mi oración”.

Y a propósito de historias y aviones, hace unos días leía una anécdota curiosa de Arturo Marí, fotógrafo personal de san Juan Pablo II y ex director de L'Osservatore Romano:

«Estabamos en el avión con destino a Senegal, en las afueras de Italia. Nos subimos a una nube de hielo en el Mediterráneo y nuestro avión no tenía sistema para descongelar las alas. A 12 000  metros sobre el nivel del mar… de repente, nos encontramos a 1 500 metros. Todos estábamos muy agitados, el avión pareció caer. En cambio, él [san Juan Pablo II] estaba quieto, él estaba leyendo el breviario, sentado en su lugar.

En cuanto el avión volvió, miró por la ventana, asintió, y como si nada hubiera pasado, nos dijo sonriendo: “¿…problemas?”.»



Griego


The Falling Man


Fotografía de Arturo Marí durante el viaje apostólico a Senegal




miércoles, 1 de septiembre de 2021

De historias, héroes y emociones.

Ha pasado casi un mes desde la anterior entrada del blog. Cualquiera pensaría que me habría quedado 'sin ideas', incluso yo sentí que se me drenaron algunas emociones en el último artículo, después de todo, las ideas las puede tener cualquiera, sin embargo los sentimientos no.

Podría escribir perfectamente sobre la película en turno en taquilla, sobre la última tontería que haya hecho el presidente y su flamante gobierno o, para estar en onda, sobre la polémica con el vocalista de cierta banda guatemalteca. Sobre cómo nos enorgullecíamos de la participación de "nuestros" atletas en los juegos olímpicos, cómo compartíamos hashtags, publicaciones de facebook, cómo presumíamos de levantarnos en la madrugada o de dormirnos tarde por ver sus participaciones pero ahora pocos saben quién es Isaac Leiva, atleta originario de Izabal, que quedó en el puesto 11 en lanzamiento de bala en los juegos paralímpicos, no fue medallista (es decir, nada diferente a los otros 22 atletas que inundaron nuestras redes) pero que a pesar de ser emotivo no tiene popularidad porque eso... ¿cómo se dice? no es lo que vende; pero ya llegará el momento para escribir sobre eso, por ahora, eso es otra historia.

A propósito de redes sociales, el lunes falleció Tomi ¿supieron de él? un niño chileno que, como decían varias notas, "conquistó el corazón millones de personas". Tomi tenía 12 años, se encontraba luchando desde hace unos años contra un tumor cerebral, según él mismo contaba en uno de sus videos, eso no le permitió desarrollarse con 'normalidad', le provocó daños en sus ojos y extremidades y finalmente acabó con su vida. Alcanzó la popularidad en marzo, luego de completar su sueño de convertirse en youtuber y conseguir la placa dorada gracias a millones de personas que se suscribieron, alguien comentaba en twitter: "al fin las redes sociales sirven de algo", yo prefiero pensar que tanto desastre mundial nos ha cambiado un poco para bien, o al menos a toda la gente que hizo algo tan sencillo -y complicado a la vez- como suscribirse a un canal de YouTube por algo más que simple entretenimiento. De hecho, eso me ha hecho recordar una frase de The Dark Night Rises: «Un héroe puede ser cualquiera. Incluso un hombre que hace algo tan simple y reconfortante como poner un abrigo sobre los hombros de un niño para hacerle saber que el mundo no se ha terminado», o como decía una campaña 'pre - pandemia': "todos somos héroes".

Yo, por ejemplo, en este gran cómic llamado vida, podría entre 'mis héroes' a don Lee, no sólo por su compañía en la dirección espiritual, las anécdotas de las homilías y hasta sus regaños, o por lo que significaron sus luchas heroicas en los momentos en que la fe se encontraba 'en peligro', sino por esas chispas de humanidad, esas veces que encontraba al Señor en la rutina; desde su manera de relacionar el combate humano-espiritual con el cosmos y los Caballeros del Zodiaco o el encontrar raíces divinas del latín en el origen etimológico del lenguaje potterhead, hasta su gran afición por el Silmarilion y el Legendarium de Tolkien; mención honorífica, por cierto, a su peculiar manera de contar todo tipo de historias (quizá algo de eso dejó en algunos de nosotros y por eso aún se siguen contando cosas de él); sin muchas de ellas, probablemente no existiría este blog.

Recordaba hace un par de días precisamente, en medio de todo el 'escándalo Mbappé' por el cierre del mercado de fichajes, cuánto se habría emocionado al ver otro mago francés en 'su Madrid', y aún más si hubiese podido disfrutar del triplete de Champions liderados por don Zinedine Zidane, único futbolista, junto con Ronaldinho, por quienes le escuché alguna vez decir "mis respetos" (que no era poca cosa viniendo de él). De hecho, ahora que lo pienso, me hizo madridista muy a su manera: sin que yo me diera cuenta. Tanto que no imagino el error que significaría ser aficionado del futbol y no ser del Madrid como él (o peor aún, ser del Barça). ¡Vaya si no causa algo de nostalgia esa gran sonrisa de sus fotos en el Bernabéu!

Y ya que hablamos de historias y sonrisas, para terminar, en el aniversario del encuentro de Padre Lee con el Señor, una de mis frases favoritas de San Josemaría: «Cuando te vea por primera vez, Dios mío, ¿qué te sabré decir? callado, esconderé mi frente en tu regazo y lloraré, lloraré como cuando era niño. Tus ojos mirarán todas mis llagas, te contaré despues toda mi vida... ¡aunque ya la conoces! y Tú, para dormirme, lentamente me contarás un cuento que comienza: "Érase una vez, un hombrecillo de la Tierra... y un Dios, que le amaba con locura..."»

lunes, 2 de agosto de 2021

Kevin Cordón, ¡de qué planeta viniste!

México, 22 de junio de 1986. 01:09 PM, Estadio Azteca. Argentina vs Inglaterra.

Corría el Min. 54 de los cuartos de final. Unos metros antes de la media cancha, Maradona recibía de Héctor Enrique el pase para anotar el que es probablemente, el mejor gol de la historia de los mundiales, y quizá uno de los mejores en toda la historia del fútbol. Se ha escrito tanto sobre ese gol, y aun así, antes de comenzar a escribir, tuve que buscar el nombre del jugador que le dio el pase a ‘el Diego’ porque el show se lo lleva (¡y con razón!) el 10 de argentina. El gol es tan legendario que hasta la narración de don Víctor Hugo Morales es épica e histórica, pero ese no es el motivo principal de este artículo, eso, es otra historia; lo que nos une a esto, es que muchos de nosotros –sobre todo los más aficionados al fútbol– quisiéramos haber nacido al menos entre esos 13 segundos que corren desde que Maradona recibe el pase hasta que la pelota cruza el arco inglés, para tener algo de qué ‘agarrarnos’, para tener algo qué contar cada vez que se habla sobre ese gol tan mítico. Así como, seguramente, algún día, cuando tus nietos, hijos, compañeros de trabajo, vecinos, tus compañeros de universidad, las personas con las que compartas la mesa en el extranjero mientras cumples alguno de tus sueños viajando por el mundo, te pregunten “¿qué hacías el día que Kevin Cordón jugó ese histórico partido por la medalla de bronce?” y también tengas algo para contar. Tan sólo 36 años, 49 días, 15 horas, y 51 minutos después del gol del siglo, algo histórico ocurriría no sólo en Tokio, sino en Guatemala.

Muchos nos levantábamos con ese sentimiento que tienes cuando quieres ver –y a la vez no– algo que te emociona. Si no eres de esos, es probable que conozcas algún amigo, familiar, compañero, vecino, o al menos tengas el contacto telefónico de alguien que sí lo hizo. Porque, si uno se para a pensarlo, si de contexto, trascendencia y obra se trata, no hubo ni habrá otro partido igual.

Imagina que estás en una competencia mundial, que enfrentas a un rival durísimo, medallista olímpico, que, además, vives «en un país decadente, donde un burro es presidente» –como dice la canción–, un país que se hunde económicamente, que en términos de desigualdad ‘juega’ en desventaja, que carga con el dolor de intentar sobrevivir, pero que tiene la esperanza de que, aunque sea ese día, duela menos. ¡Vaya responsabilidad!

Ahora, ponte del otro lado de la pantalla, poder contar algún día “yo vi ese partido” ya es algo por lo que vale la pena hacer un pequeño esfuerzo más para salir de esta. Poder contar algún día “yo vi ese partido” es un rayito de luz. Un rayito de luz para ese enfermo en la cama del hospital, un rayito de luz para quien termina cansado su turno nocturno de trabajo, un rayito de luz para quien está lejos de Guate (y de su familia), un rayito de luz para quien recién pasa de un sueño frustrado (o busca cumplir uno), o –como hace unos días contaba Ana Sofía, atleta olímpica guatemalteca y además amiga de Kevin–, un rayito de luz para esa mujer que estaba dispuesta a regalarte una bandera de Guatemala si cuando querías comprarle una le decías que estabas emocionado por ver el partido, a pesar de que lo que ganaba en eso era (seguramente) lo único que tenía para pasar el día.

Quizá fue la lucha por poner a Guatemala, un país casi siempre desconocido, en el mapa mundial del deporte, sin necesidad de una medalla, solo con una actuacion memorable. Quizá fue que encontramos algo familiar en esa historia. Quizá fueron las lágrimas de impotencia (como las de Kevin en Río), quizá fue lo difícil de empezar a soñar, quizá fue una promesa sobre una tumba, quizá fueron las metas que parecían imposibles, quizá fueron las lágrimas de emoción. Quizá eso fue lo que hizo a Kevin tan nuestro. Quizá eso fue lo que nos tuvo en realidad ahí, frente al televisor. Fue la ilusión. Fue una promesa. Fue Guate. No fue el partido, ni siquiera fue la medalla, fue Kevin. Fue sentirlo tan 'como nosotros'. Fue poder contar una historia algún día, esa historia que empieza (o termina) con un: yo vi ese partido…



Que vea… aunque a veces no vea.

Dicen que nunca es tarde para contar una buena historia, quizá eso me ha dado cierta comodidad cada vez que me he dispuesto a escribir. La c...